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Maltrato en la pareja: ¿Cómo el maltrato en la pareja afecta a los hijos?

Por Pilar Montero



Es fundamental que los padres se traten con respeto, cariño, amor y se validen todo el tiempo. Los hijos nos miran mucho más de lo que nos escuchan. Con nuestras acciones vamos mostrándoles también qué es lo normal en la vida, lo habitual y por lo tanto, qué se puede espera

            El padre/madre que trata mal a la madre/padre, no sólo establece un umbral de lo que es habitual esperar, también configura lamentablemente un modelo a seguir para los hijos. Los hijos no siempre se identifican con ese modelo. Muchos jóvenes terminan por sentir un profundo rechazo por el padre agresor. Algunos hijos con carácter y alta empatía, intentan proteger al padre agredido y rechazan al que agrede.

            Los hijos que en cambio se identifican con el padre/madre agresor, no sólo están identificándose con un modelo relacional violento, pudiendo ser ellos mismo agresores con el otro padre, sino que también pueden serlo después en otras relaciones.  El hijo a veces puede buscar complacer o  lograr la aprobación del padre agresor, siendo él también de esa manera.

            Estas situaciones propician que se generen coaliciones en la familia (algunos miembros de la familia se alían en contra de otros) lo que suelen complicar mucho la dinámica familiar.  Cuando el maltrato es crónico, el hijo(a) de una u otra manera (ya sea identificándose con el agresor en contra del agredido, o protegiendo al agredido del agresor) crece en contra de uno de sus padres y perdiendo el acceso al soporte y recursos de ese padre/madre.

            En el caso de un padre que trata mal a la madre, le modela un modo de ser a los hijos varones que luego se relacionarán con umbrales distorsionados con sus parejas, si es que ellos no lo hacen consciente y revisan sus umbrales. También puede suceder que defiendan a la madre ganándose el desprecio explícito del padre.  Otros adoptan una actitud lejana y desinvolucrada, intentando hacer su vida hacia afuera de la familia, lo más alejado de situaciones con las que no sabe cómo lidiar.

            A las hijas les deja dos alternativas, las que a veces se entremezclan. En la primera, se identifican con ese rol de mujer sometida y maltratada, haciendo propio un umbral muy tolerante con el maltrato, que ellas también aplicarán a sus relaciones de pareja. Es decir, el padre que trata mal a la madre, debe preguntarse si le gustaría que un hombre tratara así a su hija a futuro. Porque el problema, es que su hija lo puede permitir. En la segunda alternativa; en niñas más críticas, que tienen una base de seguridad por alguna relación significativa y que no se han sometido al padre, pueden comenzar a enrabiarse contra el padre que maltrata. Generalmente, también hay mucha rabia hacia la madre que aguanta y permite. La niña entra en un conflicto de lealtades, nada es lo que debe ser. El padre maltrata, la madre permite. La hija se vuelve ansiosa, irritable, comienza a tener malas relaciones al interior de la familia y mucha rabia contra ambos padres. Habitualmente, se siente angustiada y no sabe por qué. No sabe cómo lidiar con una situación que no controla y en la que seguramente ya se ha involucrado muchas veces intentando proteger a la madre y recibiendo la agresión del padre.

El maltrato mina la base de la confianza. Las personas que te deberían proteger, no cumplen su rol y  vulnera a los hijos. Esto extiende una serie de inseguridades hacia diferentes aspectos de su vida. Comienzan a sentirse muy inseguros de merecer amor, en las relaciones de parejas, respecto a su cuerpo…

            El cónyuge que tolera el maltrato debe preguntarse más allá de si es capaz de aguantarlo o no. Debe preguntarse si quiere que sus hijos aguanten lo mismo o si quieren que terminen odiando al otro padre y despreciandolo a él/ella por aguantar eso. Los hijos de una pareja en la que hay maltrato pueden buscar alejar a los padres, deseando la separación, con el fin de evitar los maltratos, lograr paz en la familia y encontrar algo de “dignidad” en el padre víctima del maltrato.

            Es importante aclarar que el maltrato no son sólo golpes que se ven, que causan conmoción. El maltrato más frecuente y dañino es aquél que dura años y que la familia se acostumbra. Muchas veces es solapado, insidioso e invisible. Al comienzo tiene fachada de “protección”. El hombre no quiere que la mujer se estrese, no quiere que trabaje, no quiere que vea a ciertas amigas, es celoso. No quiere que se preocupe, supuestamente la quiere “proteger”. La mujer lo vive al comienzo como que él la protege, lo experimenta a veces incluso con agradecimiento. Cuando se da cuenta, ya lleva un buen tiempo aislada, excusando al marido de sus reacciones y lejana de sus amigas. Tiene una red mermada que sólo cronifica el maltrato. 

            Salir de esta situación sola/o es muy difícil. El primer paso es siempre reconocer que se vive una situación de maltrato y pedir ayuda. Hay que mover la red, hablarlo con los amigos, pedir ayuda de un especialista, pero jamás, seguir guardando silencio y menos aún pedir ayuda o cobijarse en los hijos. Los hijos no no están preparados para ayudar a los padres. Cuando los padres los involucran suelen terminar muy angustiados.

            Cuando el trato en la pareja es bueno, respetuoso, positivo, esto será un modelo interpersonal que los hijos imitarán contentos, asegurándoles estabilidad emocional en el presente y buenas relaciones en el futuro.


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