• Aguas Claras

Separación de papás ¿Cómo llevar una solución tan dolorosa para los niños lo mejor posible?

Actualizado: 11 de oct de 2018


Por Pilar Montero


La separación siempre afecta a los niños. No importa cómo se haga, siempre los afecta ya que en general - a menos que hayan casos graves de maltrato o patología (trastorno mental, adicción o trastorno de personalidad en alguno de los padres)- los niños prefieren a los papás juntos. Pero lejos lo que más los daña y afecta es el nivel de conflicto marital, éste se puede manifestar de muchas maneras.

Hoy veremos dos de las formas más típicas y nocivas que involucra a los hijos de manera dañina tras una separación: cuando se los triangula y cuando se les exige lealtad formando coaliciones.


¿Qué son?

TRIANGULARIZACIÓN: Tiene que ver con alterar la jerarquía del niño que implica una posición más baja que los padres y hacer pasar a través de él o ella información que no corresponde. Se puede dar de muchas maneras pero hay principalmente tres casos:

  1. Cuando los papás lo usan de palomita mensajera: le mandan recado al otro a través del niño. Por ejemplo: "dile a tu papá que te compre zapatillas, dile a tu mamá que ella vaya a hablar al colegio, recuérdale a tu papá que me deposite, dile a tu mamá que deje de gastar tanta plata que no soy una fábrica de plata,  dile a tu papá que te lleve al doctor, pídele a tu papá un poder para poder ir a la Isapre, etc”. Esa comunicación debería ser directa y no involucrar jamás a los hijos.

  2. Cuando piden información del ex cónyuge al niño(a): por ejemplo "¿cómo está tu mamá, está pololeando?, ¿tu papá duerme con la polola?" Son todas situaciones que complican enormemente a los niños. Los hace a veces incluso omitir información, sentirse incómodo o los lleva a abanderizarse con alguno de los padres, lo que es muy malo también. La comunicación debe ser directa y no interrogar jamás a los niños. Si un padre tiene una nueva pareja, debe ser él/ella quien informe directamente a su ex cónyuge, antes incluso de involucrar a los hijos.

  3. Cuando se le pide explicaciones al niño(a) por la conducta de la ex pareja. Ejemplos. “¿Por qué llegaste tarde, tú sabes que tu papá te tiene que venir a dejar a las 9pm?, ¿Por qué tu mamá no te compró los materiales para el colegio?, tienes que pedírselos a ella; siempre que vas donde tu papá llegas con toda la ropa cochina, ¿por qué no te lavan allá la ropa?”. No tiene ningún sentido pedir explicación al niño(a) por la conducta del papá, o la mamá. El niño (a) suele sentirse incómodo y que debe proteger o aminorar lo sucedido, defendiendo al padre cuestionado. Esto es típico y además muy irreal. Es impensable que si la pareja de dos adultos terminó su relación, entre otras cosas por no poder llegar a acuerdos, pueda el niño lograr lo que el papá o mamá no lograron.  Hay que pensar muy bien si la situación vale la pena como para generar problema o si será mejor dejarla pasar por el bienestar de la relación con el ex cónyuge y sobre todo, por la salud mental del hijo. Si lo vale, conversarlo DIRECTAMENTE con la ex pareja y no a través del niño o descargando la frustración en el niño.

  4. Obtener permisos utilizando el canal de los niños: por ejemplo: “¿Por qué no le dices a tu mamá que te deje venir para mi cumpleaños?, dile que tú quieres. Dile a tu papá que no quieres ir este fin de semana y así nos vamos todos juntos a …”.Esto los deja contra la espada y la pared, haga lo que haga, el niño está traicionando a alguno. Si le dice que no al padre o madre que los incita a pedir un permiso extraordinario a las visitas reguladas, se sentirá “malo” con ese padre y si lo hacen, se sentirá “malo” o traicionando al padre con el que le tocaría. Es distinto si el niño por iniciativa propia quiere o solicita algo, lo que es bastante habitual en la adolescencia. Pero si el papá o mamá quiere realizar un cambio, lo correcto es preguntarle primero al niño(a) qué le parece y luego hablarlo directamente con el padre/madre al cual hay que preguntarle. Al niño hay que incluso especificarle que no se preocupe, que estas cosas las ven los papás.


Todas las formas de triangularización son perjudiciales para el niño y se deben evitar a toda costa. El niño se siente en tensión, en estado de alerta, presionado a hacer cosas que no quiere o termina protegiendo a aquél que percibe más débil o más agredido. Cuando crece se va dando cuenta que ha sido manipulado, lo que suele generarle también rechazo hacia sus padres.

Este tipo de situaciones afecta gravemente la confianza de los hijos en sus padres. He llegado a tener adolescentes que me han comentado aterrorizados  “No puedo creer que ellos son mis papás, no confío en ninguno”. Una vez un joven de 16 años me comentó sorprendido de cómo sus padres de ser personas tranquilas y cuerdas, se habían convertido en soldados de batalla: “Mi mamá dice que mi papá es un monstruo que nos abandonó, que no nos da plata. Mi papá dice que mi mamá es una loca que no nos cuida, ni nos quiere”. Los padres recién separados desde el dolor, el quiebre, el temor ante el futuro, suelen reaccionar de maneras muy nocivas para sus hijos y al estar insertos en su propio dolor no calibran el daño generado en los hijos. Muchas veces no dudan en usarlos como miembros de su bando o municiones contra el otro.

El torbellinos de emociones que surge en los padres tras la separación (el abandono, la culpa, la rabia, el miedo, en ocasiones sentimientos de traición) es tan potente,  que suele dar pie a la construcción de LEALTADES y FORMACIÓN DE COALICIONES.


¿Qué es eso? LEALTADES: cuando la separación ha sido de poco acuerdo y mucho dolor, suele quedar un conyugue más dolido y afectado que el otro. A veces ese conyugue manifiesta el dolor abiertamente  exigiendo apoyo y lealtad a sus hijos para su causa y esperando incluso que estén molestos, juzguen y lo más extremos, que no quieran salir con el otro que “generó” todo eso. Ejemplos de esto son frases como las que siguen “Tu papá que no pensó en ustedes y destruyó la familia. Tu mamá que sólo pensó en ella y me abandonó, me fregó la vida. Yo nunca lo habría hecho, a ella/él ya no le importamos.  ¿Para qué van a salir con él, para estar con la mujer por la cual nos dejó? Tu mamá que anda suelta por la vida y ya no los cuida, mira como no te ayudó en … Tu papá que nos arruinó económicamente y ahora le da todo a la otra” etc. En otras ocasiones los padres le dicen directamente a los hijos cómo deberían sentirse o que deberían hacer respecto a lo que está pasando, en una clara búsqueda de apoyo hacia ellos. “Deberían estar enojados con ella, nos dejó. Deberían dejar de salir con él mientras no nos pague la pensión. Deberían estar desilusionados ¿cómo pueden seguir creyendo en ella/él después de lo que nos hizo?”. Cuando el niño o niña adhiere a uno de los padres, se forma un bando que al ser en contra del otro padre, se vuelve una coalición.  La familia queda generalmente dividida. A veces incluso los hermanos adhieren a bandos distintos, a veces todos al mismo bando. Esto se puede observar cuando uno de los hijos no quiere ver a uno de los padres. Oírlo hablar, es oír hablar al padre herido, repite los mismos argumentos y se siente habitualmente como el padre con el que se ha aliado.

Si uno de los hijos no quiere ver a la madre o al padre es muy probable que haya sido triangularizado y la familia ya tenga coaliciones o bandos. Esto se da en niños y niñas, adolescentes y jóvenes de ambos sexos y es tremendamente perjudicial para ellos mismo. Los padres siempre pueden encontrar nuevas parejas si es que lo desean, pero los hijos no pueden cambiarse de padres, ellos no han elegido la situación, por más injusta o dolorosa que pueda ser para alguno o ambos padres. Por eso es muy importante NO INTERFERIR, no entorpecer la relación con el otro padre, no contaminar la imagen de ese padre con comentarios mordaces, venenosos o sutiles, ni exigir comprensión o lealtad de los hijos pudiendo llegar a afectar la relación de ese hijo con su única madre o padre. Sacarlos de la triangularización no es tan fácil. Los niños  pequeños en general lo desean, pero no son capaces de ponerle límite a los padres si alguien externo no hace tomar plena conciencia a los padres del daño que están causando. Los adolescentes en cambio, en ocasiones se niegan a dejar este rol porque es también un rol que les da poder al interior de la familia y ellos prefieren ser escudos entre ambos, que verlos en una pelea directa. Habitualmente son hijos conciliadores, que desempeñan un rol que los obliga a demostrar una madurez precoz. Ellos prefieren “sacrificarse” que decirle que “no” a un padre o madre herida. Pero en todos los casos los hijos siempre se angustian ya que NO ESTÁN PREPARADOS emocionalmente para sostener a un padre que está actuando como hijo. Por último, agregar que la situación de coaliciones en la familia suele extenderse a las familias de origen de los padres, lo que lo hace más doloroso para los niños. Éstos suelen confundirse y quedar perplejos al percibir que de un momento a otro, abuelos y tíos manifiestan sus preferencias, hablan negativamente de uno de los padres y niegan el acceso a la casa a alguno de ellos formando claros bandos. ¿Qué es entonces lo correcto? Hay que entender que los niños han perdido la base que los sostenía, el piso que los paraba y que ellos están en duelo por la pérdida de la unión de sus padres. Por eso este duelo debe ser respetado. Lo ideal es darle tiempo a los niños antes de aparecer con nuevas parejas, que además, dañan en general profundamente a uno de los dos conyugues que suele ser “recogido” por los hijos.  Cuando no se puede, ya que la separación fue justamente la aparición de una nueva pareja, es importante no demonizar a la nueva pareja con la que los niños tarde o temprano tendrán que sociabilizar igual. Lo más difícil, es no demonizar al cónyuge que tomó la decisión de terminar la relación. Hablar bien del ex conyugue, no pedir lealtad hacia los hijos e incluso darle permiso explícitamente para estar con la nueva pareja y quererla, es lo más altruista y lo que más libertad le dará al hijo. No hay que meter en la guerra de lealtades a los hijos. La nueva pareja de mi ex, no es enemigo(a) de mis hijos. Es importante tener la tranquilidad de separar que la nueva pareja nunca reemplazará al padre o madre y no sentirse amenazado por eso.  También es importante no caer en interrogar a los hijos para saber sobre la nueva pareja. El diálogo entre los padres DEBE PERMANECER, sin importar las circunstancias de la separación. Si la separación ha sido muy tormentosa y problemática puede ser escrita, pero nunca a través de los hijos. La relación con los padres debe ser directa. Lo mejor es que existan acuerdos FLEXIBLES que puedan ser conversados entre ambas partes directamente, sin involucrar a los niños. ALENTAR siempre la relación con el otro padre, hablar bien de esa persona, fomentar los encuentros y dar flexibilidad para eso. El padre siempre debe permanecer de modo positivo en el discurso de la madre; y la madre siempre debe permanecer de modo positivo en el discurso del padre. JAMÁS utilizar el dinero como moneda de cambio para ver o no ver a los hijos. No suspender las visitas si el padre no ha pagado. Tampoco que el padre exija a los hijos adolescentes verlos para darles dinero. El criterio, la generosidad y la empatía son los mejores aliados a la hora de ayudar a nuestros hijos en un doloroso proceso de separación.


Pilar Montero Molina

Psicóloga Infanto Juvenil.

Directora ICNC


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