• Aguas Claras

El duendecito que era llorón

Por Pilar Montero




Indicaciones: Para todos los niños, especialmente para aquellos con problemas para tolerar la frustración.

Contraindicaciones: Ninguna.

Mensaje para los Padres: La importancia de enseñarles a los niños a identificar el sentimiento de frustración. Hay que explicárselos porque es una emoción complicada que mezcla pena, rabia y desilusión. Además hay que enseñarles a identificar qué situaciones les genera frustración. Con eso, se puede conversar con los niños qué se puede hacer cuando una situación específica los frustra en lugar de sólo llorar. La frustración es educable. Los niños a menudo lloran porque simplemente no saben lidiar con ella.

Tiempo estimado: 10m.

EL CUENTO:

     Julián es un duendecito pequeñito. Julián es alegre, inteligente y entretenido, le gusta mucho jugar. Vive en el corazón del bosque con su mamá, su papá, sus abuelos y sus hermanas mellizas Andrea y Margarita. Viven dentro de un tronco de un roble viejo, en el mismo árbol donde más arriba un pajarito tiene su nido.

     Pero el problema es que Julián, a pesar de ser un niño muy bueno, cada vez que  sus papás no hacen lo que él quiere  o cambian el orden de su rutina, se pone a llorar. Él cree que así va conseguir lo que quiere, no se da cuenta que es la peor manera, porque todos terminan enojados con él. Julián siempre se levantaba en las mañanas, se va dando saltitos a la cama de sus papás y ahí regalonea un rato con ellos. Su mamá le trae la leche y un pancito de semillas con una pasta de manzanilla y laurel.

     Pero un día se había acabado la leche. Entonces le llevó en lugar de leche, un gran pedazo de pastel. Julián cando lo vio, se frustró. Sintió una mezcla de desilusión y rabia porque él estaba esperando su leche. Ese pastel, no era lo que él quería. La mamá alarmada, porque sabía que se iba poner a llorar le dijo: “Julián, ¡no llores! Yo sé que tú quieres tu leche y que este pastel no es lo que esperabas. Pero hoy no hay leche mi amor. Cómete hoy el trozo de pastel que estoy segura que te va a gustar y en la tarde vamos donde la cabra a pedirle que nos dé más leche”. Julián estaba a punto de llorar, tenía la boca abierta y la respiración retenida, listo para soltar el primer llanto. Pero esta vez, sorprendió a todos. Las mellizas ya se habían tapado los oídos y el papá estaba listo para irse, molesto con el show que se venía. En cambio, Julián cerró la boca, respiró tres veces y le respondió a la mamá tranquilo, sin llorar; “Mamá, tienes razón, yo quería mi leche. Pero bueno, se acabó.” Abrió la boca de nuevo y mordió un trozo de pastel. “Mmmmm… esto está muy rico. Gracias mamá”.

     Todos se quedaron sorprendidos. Nadie entendía nada. Julián en vez de llorar había actuado como un duende grande y maduro. Todos suspiraron aliviados. Las mellizas se destaparon los oídos, alegres de saber que no tendrían que escuchar el llanto de Julián y las reprimendas de la mamá. Las mellizas contentas lo invitaron a jugar a los trenes.

     ¿Qué había pasado? ¿Por qué Julián no había llorado?

     Julián esa noche había tenido un sueño. Había soñado con una hadita mágica “Cascabelita”, el hada de los duendes. Ella se le había aparecido y le había mostrado cómo era su vida. Se vio a sí mismo llorando porque le traían pastel en vez de leche; porque iban a la plaza de los pinos, en vez de a la plaza de los Nidos que era la que él quería; porque había una comida que no le gustaba; porque iba a tener que irse al colegio encima de una rana, en vez de volar sobre una libélula, etc., etc.… Se vio llorando todo el tiempo y le dio vergüenza. Se dio cuenta que a los demás no le gustaba tampoco y que sus hermanas y papás lo miraban con cara de cansancio y molestos. Fue entonces que decidió nunca más portarse como un duende llorón. “De ahora en adelante voy a respirar y voy a decir lo que yo quiero, en vez de llorar. Si aún así, no  puedo hacer lo que quiero, voy a esperar otro momento”. La hadita contenta lo tocó con su varita mágica y Julián siguió durmiendo.

     Por eso esa mañana Julián había dejado sorprendidos a todos en la casa. Desde ese día nunca más lloró por tonteras y en el colegio para duendes lo nombraron “El Mejor Duendecito”, porque ahora no sólo era el más alegre, entretenido e inteligente, sino también el más feliz. 


Actividad Adicional para conversar con los niños: Conversar con ellos siguiendo la siguiente pauta.

  1. ¿Entiendes lo que es la frustración?

  2. ¿Cuándo te has sentido frustrado? (Contarle también al hijo experiencias propias de frustración y cómo han lidiado con ellas).

  3. Inventen juntos situaciones en las que podrían frustrarse y vean de qué otra manera positiva podrían tomárselo.


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